31 August 2007

Thanx Radioalternativo

Quiero brindarle un afectuoso agradecimiento a Radioalternativo por
recomendar a TMP


29 August 2007

The "Thinking Blogger Award"


Pues resulta que "Tras el Muro de Planck" se acaba de ganar un deleitable premio. Muchas gracias Violeta por fijarte en TMP, y me alegra saber que lo que escribo en mis ratos de ocio produce frutos en algun lugar del mundo.

Si este blog se ha llevado el honorable "Thinking Blogger Award" no es tanto por la riqueza de sus contenidos, sino porque a ustedes lectores les gira la piedra: felicidades a la audiencia.

Para continuar con la tradición he de otorgar este premio a los cinco blogs que me hacen pensar. Es un poco difícil, porque todos me hacen hacerlo para bien o para mal. En fin....

And the "THINKING BLOGGER AWARD" goes to:


De Algo y Otras Cosas

Sfumata

Hapax Legomena (Hapaxes)

Bosón de Higgs

Apócrifos de Zagal


Para los que lo han recibido, permanezcan válidas las bases del mismo:

1.- Si, y sólo si, alguien te da el premio escribe un post con los 5 blogs que te hacen pensar.
2.- Enlaza el post original para que la gente pueda encontrar el origen del premio.
3.- Opcional, enseña el botón del premio enlazando el post que has escrito dando un premio.

27 August 2007

Ayer intenté evadir la Santa Misa

Ayer intenté evadir la Santa Misa. Me autoconvencí de que la primera Comunión del día anterior, que fue a las 10:00 am, había bastado para satisfacer el precepto. Mi novia, no obstante, le fue más fiel a su conciencia, y una vez más me impulsó a asistir generosamente al Banquete Pascual.

Las lecturas las escuché molesto y con desgana: por una parte, porque la discusión acerca de la validez de la misa del sábado me había dejado colerizado; por otra, porque en el fondo sentía envidia de la fidelidad de mi novia. Con un tono de rabia le dije: “seguro viniste sólo para dejar en paz a tu conciencia, y no por amor como es debido”.

El ambiente hostil que me habitaba y la imagen de la Cruz enfrente me impulsaron a tomar mi turno para implorar el perdón en el Sacramento de la reconciliación. “¿Hace cuánto fue tu última confesión?”, me preguntó el Sacerdote. “Ayer”, le respondí lleno de vergüenza. De la cortinilla salió una expresión que revelaba lo ridícula que le parecía mi asistencia al confesor. En fin, continué…

Dejé el confesionario un poco más calmado y procedí a leer aprisa el evangelio, pues el celebrante estaba por terminarlo. “Esfuércense por atravesar la puerta angosta, porque muchos no podrán entrar al Reino de Dios”. Esa era la idea principal de la lectura.

El tema de la condena, como bien lo hizo notar el sacerdote durante el sermón, ha sido motivo de inquietud para todo creyente. He de reconocer que en mi caso ha sido el tema de especulación durante los últimos meses. ¿Cómo conciliar la pena eterna con la Infinita Misericordia de Dios?

La respuesta típica a esa pregunta apela a la libertad y a la justicia. Pero la cuestión siguiente es: ¿qué no es superior la misericordia a la justicia? Que pequeños somos y que limitado es nuestro pensamiento de hombres. ¿Cómo entender los misterios de Dios? Una cosa era clara en el Evangelio: hay quienes se pierden de la salvación, y no basta con una actitud pasiva de no hacer el mal, sino que Cristo pide esfuerzo. “Señor, yo he comido y bebido contigo”, gimen los condenados, y el Señor responde “Yo te aseguro que no te conozco (…) porque tuve hambre y no me diste de comer, tuve sed y no me diste de beber (…)”. Que duro. No puedo digerir esas palabras.

Hoy pienso que el cristiano contemporáneo está cómodamente reposando en el mínimo esfuerzo. Me aterra reconocerlo. Ya olvidamos que Cristo nos pide hacernos violencia a nosotros mismos (no masoquismo… no seas absurdo), nos pide un camino de penitencia y expiación, de amor, de cruz. El gran drama de la humanidad, decía el cardenal Ratzinger, se debe a que los hombres no hemos querido reconocer que el verdadero amor es amor de muerte. El apóstol Pablo también nos advierte que para resucitar con Cristo hemos de morir con Cristo, es decir, ir a la nada, renunciar a nosotros mismos, desprendernos de todo, salvo de la esperanza en Dios. Muchos son los invitados y pocos los escogidos, porque pocos tienen las agallas para ser cristianos de fuego, auténticos incendiarios del mundo. No caritas bonitas con sonrisitas de alegría, sino rostros intensos y furiosos de gran carácter sedientos de amor de muerte.

Me causa mucho temor darme cuenta de que Cristo no parece estar bromeando.