28 November 2008

Genpets


Hoy recibí un correo muy interesante que considero vale la pena compartir. Realmente me interesan mucho sus comentarios y opiniones al respecto.

Pego el correo a continuación:


Aunque sea difícil de creer este 'animalito' no es un juguete. Los Genpets son mascotas modificadas genéticamente para que sean de fácil mantenimiento, hipoalergénicas y seguras para sus hijos. Vienen en un estado de hibernación, se alimentan con nutrientes que provee la empresa (BioGenica) a través de unos tubos conectados a su cuerpo y hay diferentes personalidades que la controlan a base de fármacos. Este producto asombroso parece salido de una película. He adaptado una traducción del FAQ (preguntas frecuentes) de la página oficial de la compañía.

¿Los Genpets son animales reales?
Si, son mamíferos vivos y que respiran. BioGenica es una compañía de bioingeniería que ha combinado y modificado el ADN para crear Genpets. Los Genpets tienen sangre, huesos, y músculos; sangrarán si usted los corta y mueren si son maltratados como cualquier otro ser vivo. Los componentes electrónicos están solamente en los paquetes y los conectan a una máquina que mantiene los signos vitales básicos constantes.

¿Porque los Genpets se empaquetan como los juguetes?
Los Genpets están diseñados para ser vendidos en los estantes de cualquier tienda al por menor y almacenes no tradicionales de venta de animales domésticos. Esta es la razón por la cual se empaquetan en plástico.

¿Cómo se hacen los Genpets?
El prototipo y la cría original de Genpets fue creado usando un proceso llamado 'micro- inyección de Zigoto' y crece luego en granjas asistidas de laboratorio. La micro inyección de Zigoto es un método favorable para combinar ADN y para insertar ciertas proteínas de diversas especies. Especialmente fue utilizada en 1997 para empalmar ratones con las medusas bio-luminiscentes y se ha utilizado desde entonces para crear conejos, cerdos, pescados, y monos que brillan intensamente

¿Cómo hacen para que los Genpets vivan en los paquetes?
Dentro del parking las mascotas están en un tipo de hibernación químicamente inducida que se controla por una proteína nutriente que pasa a través de unos tubos instalados en los paquetes. La hibernación asegura la comodidad del Genpets mientras está en los estantes de una tienda. También hay agujeros de respiración que permiten que el aire se filtre.

¿Los Genpets demuestran emociones?
Sí, y es por eso que tenemos codificado diferentes tipos de Genpets por color. Vienen en siete diversos tipos de personalidad (rojo=atlético, naranja=aventurero, amarillo=divertido, verde=tranquilo, azul=comunicativo, violeta=imaginativo) Cada tipo de personalidad demuestra ciertas emociones características.

¿Los Genpets pueden hablar?
Estos animales tienen un número limitado de cuerdas vocales para conveniencia de los padres. Sin embargo, hacen cierto sonido..

¿Crecen aún más en su tamaño?
No. Ya vienen empaquetados en su tamaño máximo de crecimiento

¿Cuánto de vida tienen los Genpets?
Vienen en dos modelos básicos de configuración: 1 y 3 años.

¿Se pueden sacar los Genpets de los paquetes?
Sí, después de la compra el Genpet se puede quitar de su paquete. Piense en Genpets como muñecas vivas. Genpets está deseñado para moverse más bien como un niño recién nacido, así que su gama de movimiento es limitada.

¿Genpets abre los ojos?
Sí. Si se saca del paquete original, Genpet despertará lentamente sobre el curso de aproximadamente 20 minutos.

¿Cómo se controlan las diferentes personalidades?
Los paquetes de alimentación de Genpet están codificados por color. Según esto la fórmula esta especialmente diseñada con drogas que controlan el comportamiento. Así podemos calmarlos o estimularlos sin tener que forzar la estructura del ADN.

¿Los Genpets defecan?
Si pero produce muy poca basura y como también requiere solo la alimentación necesaria (nutrientes) los hace el animal doméstico perfecto.

¿Pueden Genpets reproducirse?
No. No pueden reproducirse.

¿Pueden los Genpets llegar ser violento?
El Genpet esta diseñado para ser dócil, combinando los nutrientes que los mantiene templados.


Galería de Fotos:




















¿Quieres saber más acerca de los Genpets?


27 November 2008

Face to face debate about porn industry

Although this debate is not conclusive, it seems to me that the idea is very interesting. This event was organized by a group called xxxchurch: Their objective is to give a pair of messages the people involved in porn industry or addicted to it: first, that Christ loves them; second; that pornography is harmful. They also try to help people with difficulties leaving the stuff.

25 November 2008

Testimonio del padre Cantalamessa, predicador del Papa


El predicador del Papa nos cuenta su experiencia al interrogar al director del grupo que decubrió el genoma humano.

Hace unos días tuvo lugar en el Vaticano una sesión plenaria de la Academia Pontificia de las Ciencias, con el tema "Miradas científicas en torno a la evolución del universo y de la vida", con la participación de los más importantes científicos de todo el mundo, creyentes y no creyentes, muchos de ellos premio Nobel. En el programa sobre el evangelio que se presentó en RaiUno, entrevisté a uno de los científicos presentes, el profesor Francis Collins, jefe del grupo de investigación que ha llevado al descubrimiento del genoma humano. Le pregunté: "Si la evolución es cierta, ¿queda aún espacio para Dios?". He aquí su respuesta:

"Darwin tenía razón en formular su teoría según la cual descendemos de un antepasado común y ha habido cambios graduales en el trascurso de largos periodos de tiempo, pero este es el aspecto mecánico de cómo la vida ha llegado al punto de formar este fantástico panorama de diversidad. No responde a la pregunta sobre el por qué existe la vida. Hay aspectos de la humanidad que no son fácilmente explicables, como nuestro sentido moral, el conocimiento del bien y del mal que a veces nos induce a realizar sacrificios que no están dictados por las leyes de la evolución, las cuales nos sugieren preservarnos a nosotros mismos a toda costa. ¿Esta no es quizás una prueba que nos indica que Dios existe?"

Le pregunté también al profesor Collins si antes había creído en Dios o en Jesucristo. Me respondió: "Hasta los veinticinco años fui ateo, no tenía una preparación religiosa, era un científico que reducía casi todo a ecuaciones y leyes de la física. Pero como médico empecé a mirar a la gente que tenía que afrontar el problema de la vida y de la muerte, y esto me hizo pensar que mi ateísmo no era una idea enraizada. Empecé a leer textos sobre las argumentaciones racionales de la fe que no conocía. En primer lugar, llegué a la convicción de que el ateísmo era la alternativa menos aceptable, y poco a poco llegué a la conclusión de que debe existir un Dios que ha creado todo esto, pero no sabía cómo era este Dios. Esto me movió a llevar a cabo una búsqueda para descubrir cuál era la naturaleza de Dios, y la encontré en la Biblia y en la persona de Jesús. Tras dos años de búsqueda me di cuenta de que no era razonable oponer resistencia, y me he convertido en un seguidor de Jesús".

Click aquí para leer el texto completo

Click here for text in english (full text)

Verdad y Belleza

"He subrayado muchas veces la necesidad y el empeño de un engrandecimiento de los horizontes de la razón, y en esta perspectiva, es necesario volver a comprender también la íntima conexión que une la búsqueda de la belleza con la búsqueda de la verdad y la bondad. Una razón que quisiera despojarse de la belleza resultaría disminuida, como también una belleza privada de razón se reduciría a una máscara vacía e ilusoria. En el encuentro con el clero de la diócesis de Bresanona, el pasado 6 de agosto, dialogando precisamente sobre la relación entre belleza y razón, hacía notar que debemos mirar a una razón muy amplia, en la que el corazón y la razón se encuentran, belleza y verdad se tocan. Si este empeño es válido para todos, lo es aún más para el creyente, para el discípulo de Cristo, llamado por el Señor a "dar razón" a todos de la belleza y de la verdad de la propia fe. Nos lo recuerda el Evangelio de Mateo, en el que leemos la llamada dirigida por Jesús a sus discípulos: "Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos" (Mt 5,16). Debe notarse que en el texto griego se habla de kalà erga, de obras bellas y buenas al mismo tiempo, porque la belleza de las obras manifiesta y expresa, en una síntesis excelente, la bondad y la verdad profundas del gesto, como también la coherencia y la santidad de quien lo hace. La belleza de las obras de que habla el Evangelio señala más allá, a otra belleza, verdad y bondad que sólo en Dios tienen su perfección y su fuente últimas.

Nuestro testimonio, por tanto, debe nutrirse de esta belleza, nuestro anuncio del Evangelio debe percibirse en su belleza y bondad, y por ello es necesario saber comunicar con el lenguaje de las imágenes y de los símbolos; nuestra misión cotidiana debe convertirse en elocuencia transparente del amor de Dios para alcanzar eficazmente a nuestros contemporáneos, a menudo distraídos y absorbidos por un clima cultural no siempre propenso a acoger una belleza en plena armonía con la verdad y a bondad, pero siempre deseosos y nostálgicos de una belleza auténtica, no superficial y efímera"

Benedicto XVI en un discurso impartido el día de hoy a las Academias Pontificias

24 November 2008

In memory of the vietnamese martyrs


Aparece la traducción al español después del texto en inglés.


Today the Church celebrates saints Andrew Dung-Lac and his martyr companions.

The evangelization of Vietnam began in the 16th century and was formally established with the setting up of two Vicariates Apostolic in 1659. There are now about 6 million Catholics in Vietnam, some 10% of the population.

This growth comes partly from the fact that since the earliest times the seed of the Faith has been watered by the blood of the martyrs of Vietnam – the missionary clergy, the local clergy and the ordinary Christian people. They have all shared the labour of apostolic work and have together faced death to bear witness to the truth of the Gospel. In the course of the 17th, 18th and 19th centuries no less than 53 decrees, signed by the lords and emperors of the country from 1625 to 1886, launched one persecution of Christians after another, each one more savage than the last. Over the whole territory of Vietnam about 130,000 Christians were killed in these persecutions. Over the centuries the names of most of them have been lost, but their memory is still alive in the Catholic community.

Since the beginning of the 20th century 117 of these heroes (those whose sufferings were cruellest and best documented) were beatified, in four groups. They were all canonized together by Pope John Paul II on 19 June 1988.

Each one of them was a soul individually created and loved by God, with a life and gifts uniquely his or her own; but with such a huge crowd one can only classify. By nationality, there were 96 Vietnamese, 11 Spanish and 10 French. By status, there were 8 bishops, 50 priests, and 59 laymen and women. By mode of death, 75 were beheaded, 22 strangled, 6 burned alive, 5 torn to pieces while still alive, and 9 died of torture in prison.

This text was taken from: www.universalis.com

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Traducción al español:

Hoy la Iglesia celebra a los santos Andrés Dung-Lac y sus acompañantes mártires.


La evangelización de Vietnam comenzó en el siglo 16 y se instauró formalmente con el establecimiento de dos vicarías apostólicas en 1659. Hoy por hoy hay alrededor de 6 millones de católicos en Vietnam que equivalen al 10 % de la población.

Este crecimiento se debe en parte a que desde el principio la semilla de la fe ha sido regada por la sangre de los mártires de Vietnam (el clero misionero, el clero local y los cristianos ordinarios). Todos han compartido la labor apostólica y juntos han enfrentado la muerte para dar testimonio de la Verdad del Evangelio. Durante el siglo 17, 18 y 19, no menos de 53 decretos, firmados por los señores y emperadores del país, fueron lanzados uno tras otro para peseguir a los cristianos. Alrededor de 130,000 cristianos fueron asesinados en esas persecusiones. A través de los siglos los nombre de la mayoría de ellos se han perdido, pero su memoria continua viva en la comunidad católica.

Desde el comienzo del siglo 20, 117 de estos santos (aquellos cuyos sufrimientos fueron los más crueles y están mejor documentados) fueron beatificados en cuatro grupos. Todos ellos fueron canonizados por Juan Pablo II el 19 de junio de 1988.

Cada uno de ellos era un alma individual, creada y amada por Dios, con una vida única, con cualidades propias; pero con tantos tantos de ellos uno sólo puede clasificar. Por nacionalidad son: 96 vietnamitas, 11 españoles y 10 franceses. Por status son: 8 obispos, 50 sacerdotes y 59 hombres y mujeres comunes. Por forma de muerte son: 75 decapitados, 22 estrangulados, 6 quemados vivos, 5 descuartizados mientras aun estaban vivos y 9 torturados a muerte en prisión.


20 November 2008

Benedicto XVI sobre el fin de los tiempos y el mundo escatológico


Wow!!! Cada día me impresiono más por las palabras de este hombre. Si seguimos así este blog va a terminar siendo suyo. Es que ¿qué puede decir uno después de tanta agudeza y claridad?

Intervención en la audiencia general

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 12 noviembre 2008 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación el texto íntegro de la catequesis pronunciada este miércoles por el Papa Benedicto XVI con ocasión de la Audiencia General, celebrada esta mañana en la Plaza de San Pedro.

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Queridos hermanos y hermanas.

El tema de la resurrección, sobre el que nos detuvimos la semana pasada, abre una nueva perspectiva, la de la espera de la vuelta del Señor, y por ello nos lleva a reflexionar sobre la relación entre el tiempo presente, tiempo de la Iglesia y del Reino de Cristo, y el futuro (éschaton) que nos espera, cuando Cristo entregará el Reino al Padre (cfr 1 Cor 15,24). Todo discurso cristiano sobre las realidades últimas, llamado escatología, parte siempre del acontecimiento de la resurrección: en este acontecimiento las realidades últimas ya han empezado y, en un cierto sentido, ya están presentes.

Probablemente en el año 52 san Pablo escribió la primera de sus cartas, la primera Carta a los Tesalonicenses, donde habla de esta vuelta de Jesús, llamada parusía, adviento, nueva y definitiva y manifiesta presencia (cfr 4,13-18). A los Tesalonicenses, que tienen sus dudas y problemas, el Apóstol escribe así: "si creemos que Jesús murió y que resucitó, de la misma manera Dios llevará consigo a quienes murieron en Jesús" (4,14). Y continua: "los que murieron en Cristo resucitarán en primer lugar. Después nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos arrebatados en nubes, junto con ellos, al encuentro del Señor en los aires" (4,16-17). Pablo describe la parusía de Cristo con acentos muy vivos y con imágenes simbólicas, pero que transmiten un mensaje sencillo y profundo: al final estaremos siempre con el Señor. Este es, más allá de las imágenes, el mensaje esencial: nuestro futuro es "estar con el Señor"; en cuanto creyentes, en nuestra vida nosotros ya estamos con el Señor; nuestro futuro, la vida eterna, ya ha comenzado.

En la segunda Carta a los Tesalonicenses, Pablo cambia la perspectiva; habla de acontecimientos negativos, que deberán preceder al final y conclusivo. No hay que dejarse engañar -dice- como si el día del Señor fuese verdaderamente inminente, según un cálculo cronológico: "Por lo que respecta a la Venida de nuestro Señor Jesucristo y a nuestra reunión con él, os rogamos, hermanos, que no os dejéis alterar tan fácilmente en vuestros ánimos, ni os alarméis por alguna manifestación del Espíritu, por algunas palabras o por alguna carta presentada como nuestra, que os haga suponer que está inminente el Día del Señor. Que nadie os engañe de ninguna manera" (2,1-3). La continuación de este texto anuncia que antes de la llegada del Señor estará la apostasía y se revelará el no mejor identificado "hombre inicuo", el "hijo de la perdición" (2,3), que la tradición llamará después el Anticristo. Pero la intención de esta Carta de san Pablo es sobre todo práctica; escribe: "cuando estábamos entre vosotros os mandábamos esto: si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma. Porque nos hemos enterado de que hay entre vosotros algunos que viven desordenadamente, sin trabajar nada, pero metiéndose en todo. A esos les mandamos y les exhortamos en el Señor Jesucristo a que trabajen con sosiego para comer su propio pan" (3, 10-12). En otras palabras, la espera de la parusía de Jesús no dispensa del trabajo en este mundo, sino al contrario, crea responsabilidades ante el Juez divino sobre nuestro actuar en este mundo. Precisamente así crece nuestra responsabilidad de trabajar en y para este mundo. Veremos lo mismo el próximo domingo en el Evangelio de los talentos, donde el Señor nos dice que ha confiado talentos a todos y el Juez nos pedirá cuentas de ellos diciendo: ¿Habéis traído fruto? Por tanto la espera de su venida implica responsabilidad hacia este mundo.

La misma cosa y el mismo nexo entre parusía - vuelta del Juez-Salvador - y nuestro compromiso en la vida aparece en otro contexto y con aspectos nuevos en la Carta a los Filipenses. Pablo está en la cárcel y espera la sentencia, que puede ser de condena a muerte. En esta situación piensa en su futuro estar con el Señor, pero piensa también en la comunidad de Filipos, que necesita a su padre, Pablo, y escribe: "para mí la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia. Pero si el vivir en la carne significa para mí trabajo fecundo, no sé qué escoger... Me siento apremiado por las dos partes: por una parte, deseo partir y estar con Cristo, lo cual, ciertamente, es con mucho lo mejor; mas por otra parte, quedarme en la carne es más necesario para vosotros. Y, persuadido de esto, sé que me quedaré y permaneceré con todos vosotros para progreso y gozo de vuestra fe, a fin de que tengáis por mi causa un nuevo motivo de orgullo en Cristo Jesús, cuando yo vuelva a estar entre vosotros" (1, 21-26).

Pablo no tiene miedo a la muerte, al contrario: esta indica de hecho el completo ser con Cristo. Pero Pablo participa también de los sentimientos de Cristo, el cual no ha vivido para sí mismo, sino para nosotros. Vivir para los demás se convierte en el programa de su vida y por ello muestra su perfecta disponibilidad a la voluntad de Dios, a lo que Dios decida. Está disponible sobre todo, también en el futuro, a vivir en la tierra para los demás, a vivir por Cristo, a vivir por su presencia viva y así para la renovación del mundo. Vemos que este ser suyo con Cristo crea a gran libertad interior: libertad ante la amenaza de la muerte, pero libertad también ante todas las tareas y los sufrimientos de la vida. Estaba sencillamente disponible para Dios y realmente libre.

Y pasamos ahora, tras haber examinado los diversos aspectos de la espera de la parusía de Cristo, a preguntarnos: ¿cuáles son las actitudes fundamentales del cristiano hacia las realidades últimas: la muerte, el fin del mundo? La primera actitud es la certeza de que Jesús ha resucitado, está con el Padre, y por eso está con nosotros, para siempre. Y nadie es más fuerte que Cristo, porque Él está con el Padre, está con nosotros. Por eso estamos seguros, liberados del miedo. Este era un efecto esencial de la predicación cristiana. El miedo a los espíritus, a los dioses, estaba difundido en todo el mundo antiguo. Y también hoy los misioneros, junto con tantos elementos buenos de las religiones naturales, encuentran el miedo a los espíritus, a los poderes nefastos que nos amenazan. Cristo vive, ha vencido a la muerte y ha vencido a todos estos poderes. Con esta certeza, con esta libertad, con esta alegría vivimos. Este es el primer aspecto de nuestro vivir hacia el futuro.

En segundo lugar, la certeza de que Cristo está conmigo. Y de que en Cristo el mundo futuro ya ha comenzado, esto da también certeza de la esperanza. El futuro no es una oscuridad en la que nadie se orienta. No es así. Sin Cristo, también hoy para el mundo el futuro está oscuro, hay miedo al futuro, mucho miedo al futuro. El cristiano sabe que la luz de Cristo es más fuerte y por eso vive en una esperanza que no es vaga, en una esperanza que da certeza y valor para afrontar el futuro.

Finalmente, la tercera actitud. El Juez que vuelve -es juez y salvador a la vez- nos ha dejado la tarea de vivir en este mundo según su modo de vivir. Nos ha entregado sus talentos. Por eso nuestra tercera actitud es: responsabilidad hacia el mundo, hacia los hermanos ante Cristo, y al mismo tiempo también certeza de su misericordia. Ambas cosas son importantes. No vivimos como si el bien y el mal fueran iguales, porque Dios solo puede ser misericordioso. Esto sería un engaño. En realidad, vivimos en una gran responsabilidad. Tenemos los talentos, tenemos que trabajar para que este mundo se abra a Cristo, sea renovado. Pero incluso trabajando y sabiendo en nuestra responsabilidad que Dios es el juez verdadero, estamos seguros también de que este juez es bueno, conocemos su rostro, el rostro de Cristo resucitado, de Cristo crucificado por nosotros. Por eso podemos estar seguros de su bondad y seguir adelante con gran valor.

Un dato ulterior de la enseñanza paulina sobre la escatología es el de la universalidad de la llamada a la fe, que reúne a judíos y gentiles, es decir, a los paganos, como signo y anticipación de la realidad futura, por lo que podemos decir que estamos sentados ya en el cielo con Jesucristo, pero para mostrar a los siglos futuros la riqueza de la gracia (cfr Ef 2,6s): el después se convierte en un antes para hacer evidente el estado de realización incipiente en que vivimos. Esto hace tolerables los sufrimientos del momento presente, que no son comparables a la gloria futura (cfr Rm 8,18). Se camina en la fe y no en la visión, y aunque fuese preferible exiliarse del cuerpo y habitar con el Señor, lo que cuenta en definitiva, morando en el cuerpo o saliendo de él, es ser agradable a Dios (cfr 2 Cor 5,7-9).

Finalmente, un último punto que quizás parece un poco difícil para nosotros. San Pablo en la conclusión de su segunda Carta a los Corintios repite y pone en boca también a los Corintios una oración nacida en las primeras comunidades cristianas del área de Palestina: Maranà, thà! que literalmente significa "Señor nuestro, ¡ven!" (16,22). Era la oración de la primera comunidad cristiana, y también el último libro del Nuevo testamento, el Apocalipsis, se cierra con esta oración: "¡Señor, ven!". ¿Podemos rezar también nosotros así? Me parece que para nosotros hoy, en nuestra vida, en nuestro mundo, es difícil rezar sinceramente para que perezca este mundo, para que venga la nueva Jerusalén, para que venga el juicio último y el juez, Cristo. Creo que si no nos atrevemos a rezar sinceramente así por muchos motivos, sin embargo de una forma justa y correcta podemos también decir con los primeros cristianos: "¡Ven, Señor Jesús!". Ciertamente, no queremos que venga ahora el fin del mundo. Pero, por otra parte, queremos que termine este mundo injusto. También nosotros queremos que el mundo sea profundamente cambiado, que comience la civilización del amor, que llegue un mundo de justicia y de paz, sin violencia, sin hambre. Queremos todo esto: ¿y cómo podría suceder sin la presencia de Cristo? Sin la presencia de Cristo nunca llegará realmente un mundo justo y renovado. Y aunque de otra manera, totalmente y en profundidad, podemos y debemos decir también nosotros, con gran urgencia y en las circunstancias de nuestro tiempo: ¡Ven, Señor! Ven a tu mundo, en la forma que tu sabes. Ven donde hay injusticia y violencia. Ven a los campos de refugiados, en Darfur y en Kivu del norte, en tantos lugares del mundo. Ven donde domina la droga. Ven también entre esos ricos que te han olvidado, que viven solo para sí mismos. Ven donde eres desconocido. Ven a tu mundo y renueva el mundo de hoy. Ven también a nuestros corazones, ven y renueva nuestra vida, ven a nuestro corazón para que nosotros mismos podamos ser luz de Dios, presencia suya. En este sentido rezamos con san Pablo: ¿Maranà, thà! "¡Ven, Señor Jesús"!, y rezamos para que Cristo esté realmente presente hoy en nuestro mundo y lo renueve.

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez

© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]


19 November 2008

Benedicto XVI explica cómo San Pablo entendía la justificación

Comparto con ustedes el discurso de Benedicto XVI pronunciado hoy durante la audiencia general. Si bien es un poco largo, no dejes de leerlo. El tema el nuclear en diálogo sobre la Fe cristiana; la claridad del papá apabullante, como siempre.

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Hoy durante la audiencia general

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 19 de noviembre de 2008 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación el texto íntegro de la catequesis pronunciada este miércoles por el Papa Benedicto XVI durante la audiencia general en la Plaza de San Pedro.

Queridos hermanos y hermanas:

En el camino que estamos recorriendo bajo la guía de san Pablo, queremos ahora detenernos en un tema que está en el centro de las controversias del siglo de la Reforma: la cuestión de la justificación. ¿Cómo llega a ser un hombre justo a los ojos de Dios? Cuando Pablo encontró al resucitado en el camino de Damasco era un hombre realizado: irreprensible en cuanto a la justicia derivada de la Ley (cfr Fil 3,6), superaba a muchos de sus coetáneos en la observancia de las prescripciones mosaicas y era celoso en conservar las tradiciones de sus padres (cfr Gal 1,14). La iluminación de Damasco le cambió radicalmente la existencia: comenzó a considerar todos sus méritos, logros de una carrera religiosa integrísima, como “basura” frente a la sublimidad del conocimiento de Jesucristo (cfr Fil 3,8). La Carta a los Filipenses nos ofrece un testimonio conmovedor del paso de Pablo de una justicia fundada en la Ley y conseguida con la observancia de las obras prescritas, a una justicia basada en la fe en Cristo: había comprendido que cuanto hasta ahora le había parecido una ganancia, en realidad frente a Dios era una pérdida, y había decidido por ello apostar toda su existencia en Jesucristo (cfr Fil 3,7). El tesoro escondido en el campo y la perla preciosa en cuya posesión invierte todo lo demás ya no eran las obras de la Ley, sino Jesucristo, su Señor.

La relación entre Pablo y el Resucitado llegó a ser tan profunda que le impulsó a afirmar que Cristo no era solamente su vida, sino su vivir, hasta el punto de que para poder alcanzarlo incluso la muerte era una ganancia (cfr Fil 1,21). No es que despreciase la vida, sino que había comprendido que para él el vivir ya no tenía otro objetivo, y por tanto ya no tenía otro deseo que alcanzar a Cristo, como en una competición atlética, para estar siempre con Él: el Resucitado se había convertido en el principio y el fin de su existencia, el motivo y la meta de su carrera. Sólo la preocupación por el crecimiento en la fe de aquellos a los que había evangelizado y la solicitud por todas las Iglesias que había fundado (cfr 2 Cor 11,28) le inducían a desacelerar la carrera hacia su único Señor, para esperar a los discípulos, para que pudieran correr a la meta con él. Si en la anterior observancia de la Ley no tenía nada que reprocharse desde el punto de vista de la integridad moral, una vez alcanzado por Cristo prefería no juzgarse a sí mismo (cfr 1 Cor 4,3-4), sino que se limitaba a correr para conquistar a Aquél por el que había sido conquistado (cfr Fil 3,12).

A causa de esta experiencia personal de la relación con Jesús, Pablo coloca en el centro de su Evangelio una irreducible oposición entre dos recorridos alternativos hacia la justicia: uno construido sobre las obras de la Ley, el otro fundado sobre la gracia de la fe en Cristo. La alternativa entre la justicia por las obras de la Ley y la justicia por la fe en Cristo se convierte así en uno de los temas dominantes que atraviesan sus cartas: “Nosotros somos judíos de nacimiento y no gentiles pecadores; a pesar de todo, conscientes de que el hombre no se justifica por las obras de la Ley sino por la fe en Jesucristo, también nosotros hemos creído en Cristo Jesús a fin de conseguir la justificación por la fe en Cristo, y no por las obras de la Ley, pues por las obras de la ley nadie será justificado” (Gal 2,15-16). Y a los cristianos de Roma les reafirma que “todos pecaron y están privados de la gloria de Dios, y son justificados por el don de su gracia, en virtud de la redención realizada en Cristo Jesús” (Rm 3,23-24). Y añade: “Pensamos que el hombre es justificado por la fe, independientemente de las obras de la Ley” (Ibid 28). Lutero tradujo este pasaje como “justificado sólo por la fe”. Volveré sobre esto al final de la catequesis. Antes debemos aclarar qué es esta “Ley” de la que hemos sido liberados y qué son esas “obras de la Ley” que no justifican. La opinión --que se repetirá en la historia--, según la cual se trataba de la ley moral, y que la libertad cristiana consistía, por tanto, en la liberación de la ética, existía ya en la comunidad de Corinto. Así, en Corinto circulaba la palabra “panta mou estin” (todo me es lícito). Es obvio que esta interpretación es errónea: la libertad cristiana no es libertinaje, la liberación de la que habla san Pablo no es liberarse de hacer el bien.

¿Pero qué significa por tanto la Ley de la que hemos sido liberados y que no salva? Para san Pablo, como para todos sus contemporáneos, la palabra Ley significaba la Torá en su totalidad, es decir, los cinco libros de Moisés. La Torá implicaba, en la interpretación farisaica, la que había estudiado y hecho suya Pablo, un conjunto de comportamientos que iban desde el núcleo ético hasta las observancias rituales y cultuales que determinaban sustancialmente la identidad del hombre justo. Particularmente la circuncisión, la observancia acerca del alimento puro y generalmente la pureza ritual, las reglas sobre la observancia del sábado, etc. Comportamientos que aparecen a menudo en los debates entre Jesús y sus contemporáneos. Todas estas observancias que expresan una identidad social, cultural y religiosa, habían llegado a ser singularmente importantes en el tiempo de la cultura helenística, empezando desde el siglo III a.C. Esta cultura, que se había convertido en la cultura universal de entonces, era una cultura aparentemente racional, una cultura politeísta aparentemente tolerante, que ejercía una fuerte presión de uniformidad cultural y amenazaba así la identidad de Israel, que estaba políticamente obligado a entrar en esta identidad común de la cultura helenística con la consiguiente pérdida de su propia identidad, perdiendo así también la preciosa heredad de la fe de sus Padres, la fe en el único Dios y en las promesas de Dios.

Contra esta presión cultural, que amenazaba no sólo a la identidad israelita, sino también a la fe en el único Dios y en sus promesas, era necesario crear un muro de distinción, un escudo de defensa que protegiera la preciosa heredad de la fe; este muro consistía precisamente en las observancias y prescripciones judías. Pablo, que había aprendido estas observancias precisamente en su función defensiva del don de Dios, de la heredad de la fe en un único Dios, veía amenazada esta identidad por la libertad de los cristianos: por esto les perseguía. En el momento de su encuentro con el Resucitado entendió que con la resurrección de Cristo la situación había cambiado radicalmente. Con Cristo, el Dios de Israel, el único Dios verdadero, se convertía en el Dios de todos los pueblos. El muro --así lo dice Carta a los Efesios-- entre Israel y los paganos ya no era necesario: es Cristo quien nos protege contra el politeísmo y todas sus desviaciones; es Cristo quien nos une con y en el único Dios; es Cristo quien garantiza nuestra verdadera identidad en la diversidad de las culturas, y es él el que nos hace justos. Ser justo quiere decir sencillamente estar con Cristo y en Cristo. Y esto basta. Ya no son necesarias otras observancias. Por eso la expresión "sola fide" de Lutero es cierta si no se opone la fe a la caridad, al amor. La fe es mirar a Cristo, encomendarse a Cristo, unirse a Cristo, conformarse a Cristo, a su vida. Y la forma, la vida de Cristo es el amor; por tanto creer es conformarse con Cristo y entrar en su amor. Por eso san Pablo en la Carta a los Gálatas, en la que sobre todo ha desarrollado su doctrina sobre la justificación, habla de la fe que obra por medio de la caridad (cfr Gal 5,14).

Pablo sabe que en el doble amor a Dios y al prójimo está presente y cumplida toda la Ley. Así en la comunión con Cristo, en la fe que crea la caridad, toda la Ley se realiza. Somos justos cuando entramos en comunión con Cristo, que es amor. Veremos lo mismo en el Evangelio del próximo domingo, solemnidad de Cristo Rey. Es el Evangelio del juez cuyo único criterio es el amor. Lo que pide es sólo esto: ¿Tú me has visitado cuando estaba enfermo? ¿Cuando estaba en la cárcel? ¿Me has dado de comer cuando tenía hambre, o me has vestido cuando estaba desnudo? Y así la justicia se decide en la caridad. Así, al término de este Evangelio, podemos decir: sólo amor, sólo caridad. Pero no hay contradicción entre este Evangelio y san Pablo. Es la misma visión, según la cual, la comunión con Cristo, la fe en Cristo crea la caridad. Y la caridad es la realización de la comunión con Cristo. Así, si estamos unidos a Él somos justos, y no hay otra forma.

Al final, podemos sólo rezar al Señor para que nos ayude a creer. Creer realmente; creer se convierte así en vida, unidad con Cristo, transformación de nuestra vida. Y así, transformados por su amor, por el amor a Dios y al prójimo, podemos ser realmente justos a los ojos de Dios.

[Al final de la audiencia, Benedicto XVI saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español:]

Un saludo muy cordial a los peregrinos de lengua española, en particular a los que han venido de España, Chile y otros países latinoamericanos. Invito a todos a dejarse ganar por Cristo y a seguir así el ejemplo de San Pablo, cuya vida no tuvo ningún otro objetivo sino estar y permanecer siempre con Él. Muchas gracias por vuestra visita.

[Traducción del italiano por Inma Álvarez

© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]

04 November 2008

Comunicado de Comunión y Liberacióncon con motivo del atentado contra la Universidad de Navarra

31/10/2008

ETA ha querido provocar una enorme tragedia con el atentado en la Universidad de Navarra. Manifestamos nuestro apoyo y solidaridad a los alumnos, profesores, trabajadores y responsables de una gran obra universitaria de iniciativa social, sostenida durante décadas por la creatividad y la generosidad de un grupo de católicos. La suya ha sido y es una contribución decisiva, por medio de la investigación y la docencia, a la vida democrática de nuestro país.

No es casual que la Universidad de Navarra, obra eclesial y emblema de una razón abierta a todos los ámbitos del saber, haya sido atacada en seis ocasiones por los terroristas. Estos ataques reflejan la ideología violenta que provoca el terror: la
pretensión de imponer un proyecto totalitario que ha llevado a ETA a convertir en enemigo preferente a quienes quieren conocer la realidad. Esa pasión por la verdad está en la raíz de la vida universitaria y es una de las características de nuestra cultura occidental, que los nuevos bárbaros quieren destruir desde dentro.

El terrorismo es la expresión aberrante de una sinrazón que sólo se afirma a sí misma. Por eso la respuesta al terror, además de política, policial, jurídica y moral, debe provenir del ámbito del conocimiento, allí donde se realiza una labor educativa cotidiana para ayudar a la sociedad a razonar.

Compartimos especialmente la invitación que ha hecho la Universidad de Navarra al perdón. Sólo quien conoce y ama el origen de toda la realidad, que es Dios mismo, puede perdonar y así derrotar a los que apuestan por el miedo, el rencor y la muerte. Este testimonio cívico, que nace de una experiencia cristiana, es decisivo para construir la convivencia en Navarra y en el resto de España.